Si tuviera que elegir la frase que más se repite en mi consulta de la calle Antonio Arias, sería sin duda esta:
Claudia, tenemos problemas de comunicación.
Es la queja universal. La bandera roja que ondean casi todas las parejas cuando piden cita por primera vez. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la “comunicación” es solo la punta del iceberg. A menudo, las parejas en Madrid llegan agotadas de intentar hablar, de tener “la charla” una y otra vez, solo para descubrir que las palabras parecen vacías o, peor aún, que se convierten en armas arrojadizas.
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué, a pesar de que ambos habláis el mismo idioma, sentís que el otro os habla en chino?
“Problemas de comunicación”: Un cajón de sastre
Decir que tenéis problemas de comunicación es como ir al médico y decir “me duele algo”. Es un buen comienzo, pero no es un diagnóstico.
En terapia sistémica, lo primero que hacemos es desempaquetar esa etiqueta. Cuando una pareja se sienta en el sofá de mi consulta y dice que no se comunica bien, puede estar refiriéndose a realidades completamente distintas:
- La batalla constante: Para algunos, significa que cualquier comentario sobre quién saca la basura acaba en gritos y reproches sobre el pasado.
- El silencio helado: Para otros, es la ausencia total de conflicto. Cenáis en silencio, miráis el móvil y evitáis cualquier tema espinoso para “no estropear la paz”, creando un abismo de distancia entre los dos.
- La parálisis en la toma de decisiones: Parejas que funcionan bien en el ocio, pero que se bloquean ante decisiones vitales (comprar una casa, tener hijos, cambiar de trabajo).
- El idioma del castigo: Usar el silencio o la indiferencia como forma de hacer pagar al otro por una ofensa anterior.
Hasta que no definimos vuestro patrón específico, ninguna técnica de comunicación va a funcionar.
Más allá de las técnicas: La comunicación es cercanía
Es posible que hayáis leído libros de autoayuda o artículos en internet que os dan “trucos” para comunicar mejor: “Usa mensajes ‘yo’ en lugar de ‘tú'”, “practica la escucha activa”, “no interrumpas”.
Son consejos útiles, sin duda. Pero tienen un problema fundamental: asumen que el problema es técnico, cuando en realidad es emocional.
Puedes aprender todas las técnicas de oratoria del mundo, pero si no tienes intención de cercanía con tu pareja, no servirán de nada. La comunicación real requiere vulnerabilidad. Requiere que, aunque estés enfadado, tengas el deseo de entender al otro y de dejarte entender.
Si ves a tu pareja como un contrincante al que hay que ganar en el debate, ninguna técnica de “escucha activa” va a funcionar, porque en el fondo no estás escuchando para comprender; estás escuchando para rebatir. En mi consulta trabajamos precisamente eso: recuperar la voluntad de conectar, no solo de intercambiar información.
Cuando las emociones actúan como interferencias
Imagina que intentas sintonizar una emisora de radio en medio de una tormenta. Por mucho que gires el dial, el ruido estático no te deja oír la música.
En las relaciones ocurre lo mismo. Nuestras emociones (miedo, rabia, inseguridad, vergüenza) actúan como interferencias.
- Si tú tienes miedo de que te abandonen, es probable que cualquier petición de espacio de tu pareja la interpretes como un rechazo, y reacciones con ansiedad o exigencia.
- Si tu pareja se siente juzgada o insuficiente, es probable que ante tu ansiedad se encierre en su caparazón y deje de hablar para protegerse.
Aquí entra mi labor como psicóloga sistémica. No se trata de enseñaros a vocalizar mejor, sino de identificar qué emociones están bloqueando el canal. ¿Qué te impide escuchar el dolor de tu pareja detrás de su queja? ¿Qué le impide a él o ella ver tu miedo detrás de tu enfado?
Aprendiendo un nuevo idioma en Madrid
El objetivo de la terapia de pareja no es que dejéis de discutir para siempre (el conflicto es parte de la vida), sino que aprendáis a traducir las señales del otro.
Se trata de pasar de:
“¡Eres un egoísta, siempre vas a lo tuyo!” (Ataque)
A entender y expresar lo que hay debajo:
“Cuando tomas decisiones sin consultarme, me siento invisible y tengo miedo de no ser importante para ti”. (Vulnerabilidad)
Este cambio no se logra de la noche a la mañana, pero es el camino para que la comunicación deje de ser un campo de minas y vuelva a ser el puente que os une.
Si sentís que vuestra relación se ha quedado sin cobertura, os invito a mi consulta en Retiro o a conectar conmigo online. A veces, solo hace falta un “traductor” experto para volver a entenderse.
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