5 Compromisos Innegociables al Trabajar con la Comunidad LGTBIQ+

Psicóloga Sanitaria Colegiada, nº colegiada M-34076

En psicología solemos usar términos técnicos para clasificar realidades complejas.

Hablamos de “minorías afectivas y de género” como gran paraguas que abarca a todas las personas que se identifican como LGTBIQ+.

En mi consulta de la calle Antonio Arias, cerca del Parque del Retiro, sé que detrás de las siglas hay historias humanas únicas, biografías relacionales que no caben en ninguna categoría.

Entender la diferencia entre identidad de género —cómo te sientes tú por dentro, seas cisgénero, trans, no binario o queer— y orientación sexual —hacia quién sientes atracción emocional o física, ya seas gay, lesbiana, bisexual, asexual o pansexual— es solo el abecedario básico.

Lo verdaderamente importante es comprender que la identidad no siempre va ligada a la conducta.

Alguien puede identificarse como heterosexual y mantener encuentros con personas del mismo sexo.

Las etiquetas son herramientas para entenderse, no jaulas impuestas desde fuera.

Si estás buscando un espacio especializado en pareja, puedes leer más sobre mi enfoque en terapia de parejas LGTBIQ+.

¿Por qué cuesta encontrar terapeuta competente en Madrid?

Madrid no garantiza competencia clínica afirmativa solo por su tamaño o su apertura aparente.

Las personas del colectivo LGTBIQ+ acuden a terapia en tasas más altas que las personas heterosexuales y cisgénero, no porque haya algo “roto” en ellas, sino porque cargan con niveles más altos de discriminación, ansiedad y estrés de minorías derivados de la falta de apoyo social.

La realidad dolorosa es que muchas personas del colectivo salen de las consultas de psicología profundamente insatisfechas.

Sienten que la profesional carecía de conocimientos, no tenía empatía real o, peor aún, invalidaba sus identidades.

Los y las terapeutas, como cualquier persona, podemos tener sesgos implícitos o explícitos.

La investigación sobre sesgos implícitos en sanidad demuestra que estos prejuicios afectan la calidad del cuidado incluso cuando la profesional cree estar libre de ellos.

Y aunque la empatía es vital, los estudios sobre la hipótesis del contacto de Allport demuestran que el contacto real y mantenido con personas del colectivo es lo que verdaderamente reduce esos prejuicios.

Por eso, en mi práctica clínica aplico de forma rigurosa estos cinco compromisos innegociables.

1. Ser abierta y acogedora desde el primer contacto

La inclusión no empieza cuando te sientas en el sofá de mi consulta: empieza mucho antes.

Desde el primer correo electrónico o mensaje trato de visibilizar que este es un espacio seguro.

Una forma sencilla es incluir mis pronombres al presentarme.

Al decir “Soy Claudia, mi pronombre es ella”, dejo la puerta abierta para que cualquier persona que no sea cisgénero comparta los suyos sin tener que pedir permiso.

En Madrid vemos mucha diversidad por la calle, pero solemos asumir la identidad de género de alguien basándonos solo en su ropa o su corte de pelo —es decir, en su expresión de género—.

Es un error frecuente.

Alguien puede identificarse como mujer y sentirse más cómoda con una estética considerada “masculina”, y viceversa.

La expresión de género varía incluso de un día para otro.

Por eso, en mi documentación inicial y en nuestra primera charla, encontrarás preguntas abiertas: “¿Cuáles son tus pronombres?”, “¿Cómo describirías tu orientación sexual?”, “¿Cuál es tu nombre sentido o preferido?”.

2. Sostener un espacio libre de juicios

La terapia sistémica que practico mantiene un enfoque colaborativo y empático, no directivo.

Esto significa que tú decides cuáles son las áreas problemáticas de tu vida, no yo.

Pongamos un ejemplo: imagina que un paciente LGTBIQ+ me comenta un evento relacionado con su sexualidad que puede ser complicado.

Una terapeuta tradicional o no formada podría caer en el error de juzgar, sermonear o reprobar la conducta.

Mi enfoque aborda la situación con curiosidad genuina y discusión abierta.

Me preguntaré —y te preguntaré— sobre tus intenciones al traer eso a terapia, qué sentimientos hay detrás de esa conducta, si te genera ansiedad, y qué pros y contras percibes de mantenerla.

Puede que no tengas respuestas de entrada, y ahí está lo interesante: podemos encontrarlas juntas.

El cambio real nace de tu propia reflexión, no de mi imposición.

3. Mantener formación viva sobre realidades del colectivo

La formación clínica afirmativa no se cierra con un máster: es un compromiso continuo.

El vocabulario evoluciona, las realidades emergen, y lo que era estado del arte hace cinco años puede estar desactualizado hoy.

Términos como arromántico, demisexual, no binario, género fluido o pansexual han entrado en consulta con fuerza en la última década, y entender cada uno requiere lectura, supervisión y diálogo con otras profesionales afirmativas.

En mis nueve años de experiencia clínica, mantenerme al día sobre identidades emergentes, modelos relacionales no tradicionales —monogamia consensuada, poliamor, relaciones anárquicas— y avances en investigación sobre apego y diversidad sexual es parte de mi responsabilidad profesional, no un extra opcional.

4. Estar formada sobre estrés de minorías

Vivir en una capital europea como Madrid no elimina el llamado estrés de minorías.

El concepto, desarrollado por Ilan Meyer en 2003, describe la carga extra que soportan las personas por pertenecer a un grupo estigmatizado.

Si perteneces a varias minorías a la vez —por ejemplo, ser una mujer trans migrante— el riesgo se multiplica por interseccionalidad.

Este estrés se manifiesta en problemas laborales, de vivienda y sanitarios, pero también en una hipervigilancia constante.

El miedo a sufrir una agresión —los delitos de odio siguen ocurriendo en España— o la necesidad de evaluar continuamente si es seguro “ser visible” o si conviene “pasar por hetero/cis” en ciertos entornos, agota mentalmente.

Como terapeuta, mi responsabilidad es mantenerme actualizada sobre legislación, eventos políticos y estresores comunitarios que te afecten.

No puedes relajarte en consulta si tienes que explicarme por qué te afectó una noticia sobre una agresión homófoba.

Yo debo entender ese contexto social e histórico de antemano.

5. No asumir: siempre está bien preguntar

El conocimiento general no me exime de la curiosidad por tu experiencia única.

Aunque es mi deber estar informada, no es tu responsabilidad educarme sobre conceptos básicos.

Tampoco debo caer en la arrogancia de creer que lo sé todo sobre tu vivencia específica.

Debo equilibrar el conocimiento general con la curiosidad por tu experiencia particular.

En lugar de decirte “no sé qué significa ser demisexual, explícamelo”, mi enfoque sería: “¿Cómo sientes que la etiqueta de demisexualidad captura tu experiencia?”.

Después, en mi propio tiempo, haré mi trabajo de investigación —en este caso, sobre la demisexualidad como atracción sexual que solo emerge tras establecer un vínculo emocional fuerte— para poder ofrecerte mejor soporte en la siguiente sesión.

El conocimiento técnico es mío; la experiencia subjetiva es tuya, y ambos hacen falta en la sala.

Una promesa clínica, no un eslogan

Estos cinco compromisos no son un eslogan de marketing: son condiciones mínimas de competencia clínica afirmativa.

Ya sea que vengas a mi consulta para trabajar específicamente temas de identidad, o simplemente para abordar ansiedad o problemas de pareja, mi promesa es fomentar una relación terapéutica colaborativa, informada y profundamente respetuosa con tu contexto, tus patrones relacionales y tu manera particular de habitar el mundo.

La calidad del vínculo terapéutico —la alianza— es, según décadas de investigación, el mejor predictor de los resultados en terapia.

Y esa alianza solo puede construirse cuando tú no tienes que gastar energía explicando o defendiendo tu identidad.

Más artículos relacionados


Sobre la autora

Claudia Hernández Oliveros es
Psicóloga Sanitaria Colegiada,
nº colegiada M-34076 del
Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP Madrid),
y miembro nº 523 de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF).
Trabaja desde un enfoque sistémico con personas, parejas y familias en su
consulta de la calle Antonio Arias (Retiro, Madrid) y en formato online.
Web: terapiadeparejaclaudia.es.

Aviso clínico

Este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye la valoración psicológica, psiquiátrica ni médica individualizada.

El acompañamiento psicológico que ofrezco es un proceso de apoyo emocional y relacional, distinto del tratamiento psiquiátrico o farmacológico, que corresponde a profesionales de la medicina.

En caso de emergencia o crisis:
en España puedes llamar al 024 (Línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad),
al 016 (atención a víctimas de violencia, incluida la LGTBIfobia, llamada que no deja rastro en la factura),
o al 112 en situaciones de emergencia médica.

Referencias

  1. Meyer, I. H. (2003). Prejudice, social stress, and mental health in lesbian, gay, and bisexual populations: Conceptual issues and research evidence. Psychological Bulletin, 129(5), 674–697. https://doi.org/10.1037/0033-2909.129.5.674
  2. Pettigrew, T. F., & Tropp, L. R. (2006). A meta-analytic test of intergroup contact theory. Journal of Personality and Social Psychology, 90(5), 751–783. https://doi.org/10.1037/0022-3514.90.5.751
  3. Hatzenbuehler, M. L. (2009). How does sexual minority stigma “get under the skin”? A psychological mediation framework. Psychological Bulletin, 135(5), 707–730. https://doi.org/10.1037/a0016441
Scroll to Top